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Detalles de nuestra historia

Desde los inicios a día de hoy... 120 años de historia...

 

Algunos recuerdos de nuestra vida, y muchos momentos de nuestra historia, están alrededor de una mesa, con las personas que forman parte de ella y con las viandas que degustamos y compartimos en su compañía

Aprendemos, jugamos, nos reímos y pasamos nuestra infancia, juventud y madurez, rodeados de costumbres, celebraciones y agasajos o enseñanzas que tienen un momento relacionado con la tradición culinaria; desde el pan con chocolate de la merienda jugando con los amigos en "la plazuela", la cena de Nochebuena, las reuniones de amigos compartiendo risas y cantos, la comida de la boda, el bautizo de los hijos... Acontecimientos claves de la vida que están bien flanqueados por apetitosos y no poco gustosos manjares

La historia de mi familia, forma parte de muchas de esas vidas que llegan hasta Casa Duque, donde bordamos en nuestro horno cochinillos tiernos y crujientes, pintamos brillantes y lucidas perdices estofadas de tiro, esculpimos con cinceles dulces de convento de recetas, de las que no se escriben, de las que de madres a hijas van pasando con la mirada de cariño y la mano que guía para dar sentido a la golosina.

Así que sin duda alguna, nuestra vida está dedicada a un gran menester, enclavado entre las ciencias que llevan del cuerpo al alma en un solo paso... El de tener en la boca un pedazo de nostalgia que te trae al presente escenas de tu vida que se vuelven reales en un solo bocado.

En ese ir y venir de cacerolas, hervir de pucheros, crepitar la leña del horno empezó la historia del ARTE DE COCINAR  de mi familia.

Corría el año 1895 cuando mis recién casados Bisabuelos Feliciana y Dionisio Duque, deciden hacer de su pequeña tasquita una Casa de Comidas, siendo ellos de espíritu emprendedor se aventuran a: en el zaguán de su casa , abrir las puertas a una nueva forma de atender a los clientes, muy atrevida y novedosa para la época, ellos guisaban un plato principal, asaban " de encargo" y admitían comidas.

Quedando el trato en que el visitante se acercaba a Casa y llevaba su comida y allí mi bisabuela, encargada de los fogones se la ponían a punto , mi bisabuelo se la servía, y les ponían el pan y el cuartillo de vino que alguno de los arrieros llevaba hasta la casa.

Así pasaron los años consolidándose como casa de prestigio y referencia por toda la provincia, siendo visitada por los comerciantes que venían a hacer su trato de ganado, cereales, o cualquier otra transacción que requería la vida del momento, así como curas, canónigos, representantes de la ciudad que tenían como “albergue” y resguardo la Casa de Duque, llamado entre ellos " EL CHATO".

Bien entrado el nuevo siglo XX y ya con su hijo en el negocio los bisabuelos seguían afanosos aumentando su historia gastronómica añadiendo a la humilde casa de comidas platos más "finos" que llegaban a la ciudad de manos de las cocineras que traían los " veraneantes de postín" a la Granja de San Ildefonso, así se llegaban a ver en la misma mesa unos grandiosos judiones con su acompañamiento junto con un fino congrio en salsa receta que trajo la cocinera de un abogado de la capital amiga de " la fundadora" que hacía las delicias de las señoras más distinguidas en las celebraciones más importantes de sus familiares

Llegaron los vehículos a motor, los primeros y tímidos turistas desde "la otra parte del mundo" con sus extrañas costumbres, asombrados por esta ciudad que rezumaba historia, tipismo, alegría, y unas enormes ganas de aprender de todo lo nuevo. Y en este escenario, como si de una obra costumbrista se tratase recogió mi abuelo Julián Duque y ya, segunda generación, el testigo de sus mayores.

La Casa afamada llegaba hasta " la Capital" la fama de Casa Duque de buen comer, buen beber, y de reuniones y tertulias que a veces se alargaban hasta la noche, entre los habituales de la ciudad con algún que otro forastero que llegaba a casa para aliviar sus penas después de una visita al notario o algún festejo entre amigos.

Ya nos acompañan los alegres años 20, el abuelo casa con Jacinta, dulce zamarriega de ojos azules y semblante risueño, que llena la casa de cantos, flores ,nuevas recetas y un precioso y gran fogón que encargado en Bilbao, traído en trozos a casa y dentro de ella soldado que formó el revuelo de todos los del gremio.

Abren nuevos establecimientos que llenan la ciudad, unos con asombro (café estilo moruno EL QUETAMA) y otros con expectación y no pocas ganas (café cantante de bailarinas y actuaciones varias EL COLUMBA) , estos se sumaban al clásico de la plaza del azoguejo, y al de Valsain.

Pero el mimo y el amor estaba en su CASA DUQUE, donde vivía la familia y pasaban los días entre guisos, cochinillos y preparaciones de toda clase que la convertían en un trasiego constante del que llegaba a vender, a comer, a tomar un chato, de los niños que iban y venían del colegio bajo la tutela de la Abuela Dolores, que toma el mando de la familia ante la pronta marcha al cielo de mi querida abuelita Jacinta.

Con este triste episodio la casa torna dolorida y apenada, ya mi padre Dionisio Duque compagina sus tareas de bachillerato en el colegio de los Maristas con los pequeños trabajos que hacía en la Casa.

Llegando así su mayoría de edad parte para Deusto, donde comienza su carrera de marina mercante... “Un aventurero segoviano...que amaba el mar” El destino le trajo tierra adentro, en su casa, al frente del negocio familiar él: Duque Maestro Asador, fue quien dio impulso nacional e internacional no sólo a su buena Casa de Comidas, sino que hizo patria allá donde su fama le llevaba.

Tuvo numerosos reconocimientos y premios nacionales e internacionales por su gran labor de difusión a la cocina de su tierra, que siempre dedicó a su esposa María Luisa, también hija de hosteleros, que fue su mejor ayuda y compañera. Entre ellos destaca la Medalla del Trabajo. Fue miembro y fundador de varias asociaciones de carácter nacional e internacional.

Fue un enamorado de su trabajo, creando un patrimonio cultural que unió a su restaurante, como la rehabilitación de dos edificios más carismáticos de Segovia: “la Casa Curato de la Parroquia de Santa Columba” fechada en 1570, y “La Casa Neira” de 1900, edificio modernista, compró y rehabilitó el palacio de la Floresta, edificio del siglo XXVI catalogado como bien de interés público, convirtiéndolo en sala de convenciones.

De esta manera cumplió uno de sus mayores deseos, salvaguardar la tradición junto con el dinamismo empresarial que la sociedad requería.

Amante de la cocina coleccionaba formulas y recetas que practicaba cuando el trabajo amainaba, entre sus recetas podemos encontrar los regalos a sus querido nietos: a Andrea su “Soufflé de colas  cangrejo de rio con salsa de gambas” y a Luís “las Manitas de cerdo rellenas de boletus y piñones” platos que aúnan la tradición con el momento actual y demuestran el arte de la cocina unido al amor de a la familia, máximo detonante que me transmitió junto con mi madre como gran secreto para que cada visitante de la casa se sienta en ella como parte de nuestra historia y comparta con nosotros su más fiel sentimiento.

Marisa Duque.

Restaurante Duque  ·  C/ Cervantes 12  ·  40001 Segovia  ·  Tfno.: 921 46 24 86 - 921 46 24 87 - 618 804 284  ·  E-mail: info@restauranteduque.es  .  Localización Google Maps

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